
La madrugada de este 3 de diciembre, el gobierno de Estados Unidos anunció la detención de Nicolás Maduro y de su esposa, en una operación que marca un hecho sin precedentes en la relación entre Washington y Caracas. De acuerdo con el Departamento de Justicia, ambos fueron capturados para enfrentar cargos penales previamente formulados ante la justicia estadounidense y trasladados para ser procesados en el Distrito Sur de Nueva York.
La fiscal general Pamela Bondi informó que Maduro enfrenta acusaciones vigentes desde 2020, entre ellas conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína a territorio estadounidense, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, así como conspiración para poseer y utilizar este tipo de armamento contra Estados Unidos. Las autoridades señalaron que estos cargos forman parte de una investigación de largo alcance relacionada con redes internacionales de narcotráfico y crimen organizado.
''Pronto enfrentarán la ira de la justicia estadounidense en suelo estadounidense y en tribunales estadounidenses'', declaró Bondi, subrayando que el proceso judicial seguirá su curso conforme a la ley federal. La fiscal general agradeció públicamente, en nombre de todo el Departamento de Justicia, al presidente Donald Trump ''por su valentía para exigir responsabilidades en nombre del pueblo estadounidense'', así como a las fuerzas armadas, a las que calificó de ''valientes'' por ejecutar una misión que describió como ''increíble y exitosa''.
El anuncio ha generado una fuerte repercusión internacional y abre un nuevo capítulo en el conflicto político y judicial que desde hace años mantiene Estados Unidos con el gobierno venezolano, mientras se esperan mayores detalles sobre el proceso legal y las reacciones oficiales a nivel regional e internacional.
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